DOS MICROVATIOS: LA SEMILLA DE  ‘HYPATIA Y LA ETERNIDAD’
‘Dos microvatios’ fue el microrrelato ganador del concurso de
ciencia-ficción del periódico El Mundo el 12 de junio del año 2002.
Además, fue el germen, la semilla que inspiró a su autor, Ramón Galí
(Seudónimo, H. Freeworld), para escribir su novela ‘Hypatia y la eternidad

Carlomagno (Versalles)

La Confederación de Mundos Inteligentes incluye a la Civilización Terrestre en la lista de Microinjerencias Controladas Aceleradoras Evolutivas para así asimilarla como miembro lo antes posible. Estudia su Historia y detecta en qué punto exacto el insignificante microvatio de energía autorizado provocará el cambio mundial que, por progresión geométrica, acelerará más su desarrollo tecnológico. Año 47 AC: La Biblioteca de Alejandría se salva de la quema porqué una fuerza desconocida apaga la primera chispa. Miles de volúmenes salvaguardados. Año 722 DC El Cyberpapa Adriano I manda un email a Carlomagno para que le defienda de Desiderio en plena Era De La Luz. Algo evita la batalla en Italia. Desiderio recibe un SMS en su móvil que le disuade: “Rendíos o morid :-( Carlomagno”.

(c), 2002 Ramón Galí. Relato cedido por la revista Tiempos Futuros Future Times.
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Corto premiado internacionalmente que muestra la importancia de los niveles de sincronizidad y cómo esto puede cambiar nuestra vida.
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‘TODO ES MAGIA’: REFLEXIONES METAFÍSICAS DE UN NIÑO DE CINCO AÑOS.

El Universo y el Ratoncito Pérez

“Hay dos formas de ver la vida:
una es creer que no existen milagros,
la otra es creer que todo es un milagro.”
Albert Einstein

Me llamo Antonio* y tengo cinco años. Ayer, al despertar, llamé a mi madre y le dije totalmente convencido:

-Mamá, todo es magia. ¿Por qué si no quién ha hecho las montañas, los árboles, las casas? Todo es magia-repetí seguro de mí. Yo había estado dándole vueltas a ese misterio durante toda la noche. Mi mamá se quedó un segundo pensativa aunque rápidamente me contestó:

-Antonio, salvo las casas que las construyeron los Hombres fue Dios el que hizo todas esas cosas.

Entonces, como para pillarla, pregunté cuando parecía desprevenida:

-Ah, entonces…¿qué pasa con el ratoncito Pérez? – Yo quería saber qué papel jugaba el roedor en toda esta historia.

-Al ratoncito Pérez también lo hizo Dios, Antonio.-Su respuesta me dejó más perplejo todavía. Suponiendo que Dios sea el fabricante de todo, ¿cómo sabe cómo construir las cosas? ¿De dónde saca las piezas? ¿No se cansa?

Entonces mi madre me mandó a desayunar y me quedé con la ‘cosa’ en la cabeza de quién habría hecho a Dios. Ya se lo preguntaría por la tarde, cuando volviera del cumple de Paquito en la piscina de bolas.

Entonces, con todas esas dudas en la cabeza fui al cole donde teníamos clase de internet. La profesora nos deja navegar por páginas que sirven para enseñarnos cosas. En una de sus páginas vi que un señor indio que escribe muy raro decía algo de crear universos y la profa me explicó que se refería a que a lo mejor a Dios le hicieron otros dioses pero que dejara esa página de mayores me metiera en la enciclopedia infantil.

Entonces me di cuenta que yo tenía razón. Si el Dios que me dijo mamá es el que hizo todas las cosas y otro Dios más grande le hizo a él y quizá otro mayor hizo a este y así, ¿Quién hizo al último?

Pues eso, lo que yo decía: todo es magia.

*Antonio, mi sobrino mayor.

(c), 2010 Ramón Galí. Texto cedido por la revista  Tiempos Futuros Future Times.
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“La Brevedad de mi Existencia”  es el
quicio que precede a la eternidad.
Es una “insoportable levedad del ser”
sin permiso de Kundera. Es el minuto fatídico antes
de morir en el que nos planteamos lo humano y lo divino.

La brevedad de mi existencia

SÉ QUE pronto moriré. Hace poco que lo sé y desde entonces he meditado mucho sobre ello. Estas tierras que me vieron nacer me darán también el último adiós. Siento en mi interior ser el último de mi especie pero, no por sobrevivir a todos los demás, me lleno interiormente de gozo. El Hombre terminó acabando consigo mismo y con su entorno…como era de esperar. Incontables recuerdos se acumulan en mi ser como pequeños trocitos de vida que conforman mi pasado. Un pasado en el que predominaron las alegrías sobre las penas. Esa es la razón que me hace pensar en la brevedad de mi existencia.

CUANDO YO desaparezca las estrellas seguirán formando parte de la noche; el sol encenderá el este cada mañana, como lo hizo siempre… Parece ayer mismo cuando era joven. Mis hermanos vivían conmigo en el valle y juntos aprendimos a captar la esencia del universo. Nunca conocí a mis padres así como a mis hijos, pero ello forma parte del Orden Natural. Hubo un tiempo en el que las cosas no fueron así. Algunos antepasados míos se hacinaron juntos en lugares destinados a albergarnos de forma cruel, inhumana. Y a eso lo llamaron progreso… Parece mentira que, incluso perteneciendo a la especie más grande que jamás moró en la Tierra, tenga ahora que morir al igual que el resto de los seres vivos. Muchos de ellos desfilaron ante mí con existencias mucho más breves que la mía. ¿Albergarían ellos menos ansias de inmortalidad de las que yo poseo? Es de suponer que su limitada inteligencia les ahorraría de las reflexiones que yo ahora estoy padeciendo.Cuando yo desaparezca la brisa seguirá soplando; los cantos de los pájaros seguirán iluminando los sentidos del Planeta…

AHORA RECUERDO que mi vida estuvo salpicada de muchas etapas. Todas ellas muy diferentes unas de otras y, sin embargo, maravillosas sin excepción. La felicidad plena, por su propia naturaleza no puede ser cuantificada. No. No sé cual fue la mejor. Todas ellas buenas. Es imposible que deje de preguntarme… ¿Por qué ahora? ¿Por qué tan pronto? Una vida intensa es una vida breve…pero, ¿ha de serlo tanto? Quizá hubiera sido mejor nunca haber existido pues si hay algo tan inevitable como la muerte es…!la vida! El sufrimiento de un ciego se acrecienta mil veces si tan solo por un día se le permite ver; ver la luz, ver la vida como jamás lo hizo para después sumirse en la más absoluta oscuridad. Mi “día” ha durado…!ya no sé cuanto tiempo! No lo recuerdo, pero sin duda, insuficiente.

LLEGADOS A este punto es lógico también preguntarse, que será de mí después de mi corta existencia. Puede que haya acumulado sabiduría y experiencias suficientes como para que se me quede pequeño este mundo. Lo dudo. Me parece tan fascinante que sería capaz de vivir aquí eternamente. Sin embargo mis pensamientos pueden distar de la realidad objetiva una magnitud importante. ¿Quién lo sabe?

CUANDO YO desaparezca mi pérdida no hará derramar una sola lágrima; el latido del universo no se detendrá ni un segundo… A pesar de todo muero feliz. Mi infinito respeto hacia la Naturaleza me hace comprenderlo de esta manera. Ella es sabia, mucho más sabia que yo. Sin vida no hay muerte. Sin muerte no hay vida. Así debe ser. Cuando yo desaparezca…nada más que un grano de arena en las orillas del Océano Cósmico…

UNA FUERTE brisa hizo estremecer sus ramas bruscamente. El grueso tronco que había sustentado su estructura durante cuatro mil años se quebró. La secuoya alcanzó la eternidad.

(c) Ramón Galí, 1990.
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BRAZIL (1985): ¿LA LOCURA DE UN GENIO O LA GENIALIDAD DE UN LOCO?    (ENGLISH VERSION)

“No hay ninguna parte, nunca es bastante lejos”
“Hoy les quiero hablar de tuberías”
“Por la presente le informo según los poderes recibidos por
la sección 7 del párrafo 7… el señor Tuttle de las torres Sangri
-la queda obligado a los costes financieros, …firme aquí, otra vez.
Más fuerte esta vez”
“Esto es obtención de información y no dispersión de información…”

Si les decimos que estamos ante una película del conocido subgénero “Distopías orwellianas surrealistas abigarradas tragicómicas” (“Inclasificable recalcitrante”, para los amigos) pensarán que ahí solo cabe este film. Acertarán, claro. Ah, perdón: Distopía es la antítesis de una utopía, una utopía negativa en la que los acontecimientos supuestamente históricos que se narran discurren por cauces siniestros, opresivos. Ah, ¿ciencia-ficción? Pues también.

Poster Película

Igual que dijimos que Contact sería (y fue) la película que haría un grupo de brillantes científicos, Brazil es la movie que excretaría (y excretaron) el grupo de humoristas más brillantes y desquiciados de la historia del celuloide… ¡con cuatro copas de más! (en este caso, uno de ellos). A pesar del remate etílico final borren del silogismo la palabra “improvisación” y sustitúyanla por “ingenio”. Brazil es todo genialidad surrealista dalidiana enlatada en 142 minutos. Nominación al Oscar, por mejor guión original, de propina. Fotografía fabulosa, por cierto.

Poster Película

El actor Jonathan Pryce borda el papel de un tecnócrata diligente (el protagonista Sam Lowry) pues, casi por ósmosis, transmite al espectador su desconcierto ante el delirio visual y argumental que perpetró el exPython, rozando el delito intelectual, sin duda. Robert De Niro (Tuttle) hace poco pero, como siempre, lo que hace lo hace “niquelao”: Conspirador contra el sistema desde su tapadera de calefactor pirata, aparece y reaparece como el Guadiana, cuándo y cómo menos te lo esperas; a veces tarareando “Brazil”, a veces urdiendo bombardear el sistema desde dentro junto a sus secuaces de la “resistencia”. Sus desapariciones, épicas, bajo los acordes gloriosos, deslizándose por un cable entre los edificios kilométricos. Completa el reparto un grupo de actores solventes entre los que se podrían destacar muchos, por ejemplo, un Bob Hoskins sensacional, quien personaliza un engranaje de la absurda maquinaria burocrática que les oprime.

Poster Película

En algún lugar del siglo XX” es donde/cuando se desarrollan los acontecimientos. Pero un siglo XX anti-ucrónico, industrial, burocratizado y que, sin duda, perdió por el camino (de los universos paralelos) el tren de la revolución digital: en esta realidad alternativa nunca debieron existir Gates y Jobs…o si lo hicieron terminaron sus días rellenando el formulario 27b/53 para solicitar la creación de impresas innovadoras. Lo analógico se impone, lo mecánico campa a sus anchas, normalmente mal engrasado, estridente. En el universo de “Brazil” no conocen el 3 en 1, ni maldita la falta que les hace. Muerte al software, viva el harware cochambroso, chirriante.

Brazil

La hazaña visual, el derroche imaginativo, que constituye “Brazil” alcanza la apoteosis del barroquismo onírico, que completan las otras dos entregas de la (discutible) trilogía-según su director-“Los bandidos del tiempo” (1981) y “Las aventuras del Barón Munchausen” (1989). La atmósfera de irrealidad, la sensación de “mi mundo me lo han cambiado”, se respira desde el primer fotograma. Estamos ante una realidad paralela, monitorizada por un omnímodo Ministerio de Información, en la que las caricaturas andantes que son ciudadanos de a pie, ejercen impasibles como convidados de piedra de un mundo monstruosamente burocratizado.

Poster Película

El exPython estrenó en 1985 esta película delirante a capas, tan densa que se puede masticar, que igual que Memento requiere varios visonados para captar todos los detalles, todas las ironías (algunos lugares de ese mundo de hormigón y funcionarios tienen nombres bucólicos: Sangri-la, Verdes Pastos, etc), toda la acción que se desarrolla en un segundo plano. El director, Terry Gilliam, dispone para crear esta película cuadridimensional de una batería casi infinita de recursos, humanos, materiales, pero sobre todo argumentales: Pendulos “Si/No” para la toma de decisiones, militares de estética nazi cantando villancicos (“eso no es un si bemol”), sombreros/zapato (¿y zapatos/sombrero?) como el de la ególatra y recauchutada madre del protagonista (inquietantemente parecida a cierta duquesa española)… En una película cuya desarrollo se cimenta en una mosca muerta que emborrona la letra de un apellido en un papel…, todo es posible. Al igual que en Blade Runner se diseñó un microuniverso entero, una realidad de diseño braziliano autosuficiente.

Poster Película

Ese nanouniverso es duro, cruel, violento, macabro, escatológico, gore en ocasiones. Al grupo humano que hizo que se nos desencajara la mandíbula en “La Vida de Brian”, cuando le da por la casquería no le gana nadie. Y sino que se lo pregunten al obeso que literalmente explota por una chocolatina en “El Sentido de la Vida” (1983). En la ¿película? con la que hoy lidiamos los niños juegan con armas pero le piden tarjetas de crédito a Papá Noel. Los cuerpos de seguridad disfrutan machacando al común, disparando primero y preguntando después, pero son incapaces de actuar sin los impresos reglamentarios que los respalden. Los atentados terroristas dejan despedazados por doquier pero si no te toca a ti continuas la conversación en el punto en el que lo dejaste y te terminas tranquilamente la ternera braseada (en formato bolas de helado); un simple biombo separa el horror del hedonismo y apacigua las conciencias mientras los músicos siguen tocando, como en el Titanic mientras éste se hundía. A pesar de que la necrofilia no se practica-pero sí se menta-en la película no dejen verla a sus hijos hasta que tengan treinta y cinco años.

Brazil

Sin embargo, en la bomba de relojería a punto de estallar que es “Brazil” (¿o que estalla en la cara del espectador?) el amor tiene cabida, existe un pequeño ámbito, un resquicio en el hormigón por dónde asoma el sentimiento que glosó Stendhal. Jill Layton (Kim Greist) es la afortunada de la que se enamora el protagonista, primero desde sus sueños, luego en la realidad, como estipulan los cánones surrealistas. Ambos buscan la libertad pero con diferentes enfoques. Él se quiere escapar de esa realidad con ella: “Nos iríamos a alguna parte” Ella: “No hay ninguna parte, nunca es bastante lejos”. Los únicos espacios de libertad son la sección de lencería y las vallas publicitarias que anuncian paraísos verdes, imposibles de todo punto en ese microcosmos tóxico, contaminado y asfixiante que es “Brazil”. En cualquier caso un “I Love You” escrito en el parabrisas de un camión ablanda a la chica; en aquel mundo monstruoso todavía caben los sentimientos…pero de canto.

Poster Película

La cúspide del sistema es el Ministerio de Obtención de Información, centralizado en un colosal edificio de 84 plantas de estética neonazi, industrial, por cuyos pasillos circula el gran jefe Warren y su sequito de burócratas desesperados: “Dígale que sí, dígale que no”. La burocracia consume una cuarta parte del PIB pero lastra la maquinaria del sistema de forma irremisible: Nada, en el fondo, funciona como debería. Los documentos suben y bajan, aparatosamente por unos tubos representan metafóricamente a un sistema que se colapsa al mínimo imprevisto. El inútil del jefe de Sam Lowry, el señor Kurzmant, se ahoga en un vaso de agua, cuando no sabe qué hacer con un cheque que había que reembolsar a un muerto: Gran tragedia griega. Los ascensores son demasiado lentos, los despachos ridículos, oblongos, y las máquinas-aparatosas, bruscas, kafkianas-se estropean constantemente. Las tapas no encajan donde deberían: “Han vuelto al Sistema Métrico, sin avisar”. La falta de un impreso 27b/6 detiene a los malos de perpetrar sus fechorías: “Volveremos, idiota hijo de puta”. Los camareros son incapaces de servir en un restaurante un solomillo poco hecho si no especificas su código: “Tiene que decir el número”. Ah, si te detienen tienes que firmar un recibo.

Brazil

Pero los universos oníricos son los verdaderos protagonistas del film, el surrealismo el lenguaje que se chapurrea en “Brazil”: “No llegarás a ninguna parte con un traje así” (y le entrega otro exacto pero con un tono menos de gris). “¿Mellizas? No, trillizas”: “¿Trillizas? Ah, como pasa el tiempo”. Un samurai enorme, plúmbeo, metálico, silencioso, impersonal aparece y desaparece en los sueños del narcoléptico Sam Lowry, amalgamado con su amada, y trata de matarle; al quitarle su milenaria máscara aparece él mismo, pero también un policía se transfigura freudianamente en él. Una camisa de fuerza para el director y unos bonos descuento para el psiquiátrico para los abnegados espectadores, por favor. Y hablando de habitaciones acolchadas, cuando el todopoderoso señor Hellman, disfrazado de Papá Noel, se presenta en la que termina el protagonista le dice: “Sé lo que sientes. Por eso te he traído agua de cebada”. Claro.

Poster Película

En fin, que recomendamos que vean esta desquiciante película, esta obra maestra para el que les escribe, este Gran Hermano Orwelliano reinterpretado por alguien con exceso de dopamina en su cerebro. Y se lo recomendamos especialmente a ese 6 % de la población total, mentalmente sana: Tras visionarla cruzarán la línea, no lo duden. Al otro lado, aquí, se está fenomenal, la verdad. Ah, y a los demás que la vean también: “Brazil” será la puntilla de sus patologías psiquiátricas.

(c), 2010 Ramón Galí. Crítica cinematográfica cedida por la revista Tiempos Futuros Future Times.
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