‘AGORA’, POR NEOHYPATIA DE ALEJANDRÍA: CUATRO ACIERTOS, CUATRO CUESTIONES.
“La única forma de conocer los límites de lo posible
es adentrarse un poco más allá, hacia lo imposible”
Arthur Charles Clarke

<<…POR FAVOR , no se asusten de mi trans-presencia, no soy peligrosa. He recorrido años-luz por el bello Kosmos, por el “hermoso orden de las cosas” griego; he dado un saludable paseo celestial y vuelvo a ti, aquella Alejandría…¡aunque sea de forma virtual! Y regreso para hablar de una obra de arte que a su vez habla de ella…y de mí. Y lo haré desde su misma perspectiva caprichosa, desde el rutilante firmamento. Sí: tras mi brutal asesinato y en virtud de una inentendible geometría de lo posible… ¡resucité!; acurrucada en los pliegues del tiempo vencí a lo único que parece irreversible, vencí a la muerte. Ahora, al parecer, estoy escrita con polvo de estrellas y casi me jacto de que no necesito cabalgar sobre la materia para poseer consciencia. En fin, se lo explico, insisto, para que no se asusten de mi presencia, se lo ruego; la matriz transenergética que me configura es totalmente inofensiva. Termino esta introducción indicando que tras morir conocí en mi maravillosa singladura a muchos hombres y mujeres sabios: hoy, aquí, ahora citaré algunas de sus perlas.

Agora Amenabar Hipatia

MI ATENCIÓN, como decía, es ahora prisionera de una nueva obra de arte esculpida en el celuloide: Ágora. Recrea mi vida, mi muerte, la muerte de Hypatia, acaecida hace ya un eón ¿o ayer mismo?; vagar por universos paralelos despista a cualquiera, se lo aseguro. Mi regreso a la Tierra para abordar la tarea de analizarla podría antojarse un ejercicio cargado de geocentrismo y egocentrismo a partes iguales, dos errores gravitatorios que nos lastraron-y nos lastran-como especie, como individuo. Simplemente pienso, con humildad, que mi prisma, mi opinión al respecto podría ser interesante…siempre y cuando, claro, “el rayo divino de sabiduría” platónico me siga iluminando en mi actual estadio. También pudiera suceder que al ubicarme ahora mucho más cerca de la fuente emisora dicho rayo de inspiración en verdad me estuviera chamuscando los vectores energéticos que me configuran. Veamos si, tras transitar entre los pebeteros de la noche celestial, todavía puedo hilar como antaño…

Agora Amenabar Hipatia

INCLUSO ANTES de contemplar Ágora mi primer sentimiento fue de respeto; respeto por la valentía (¿o temeridad?) de un artista que ha dedicado años de tu vida al lío monumental (literalmente, “la Ciudad de los Mil Palacios” la llamaban) de reconstruir el pandemónium de la Alejandría de finales del siglo IV, principios del V. Los que se entregan, junto a la ciencia y a la filosofía, a la disciplina más elevada y compleja a la que se puede enfrentar la mente humana, al arte, creo que a priori merecen respeto. Respeto y luego crítica razonada, constructiva; nada de despellejar, verbo contundente, que tiempo ha conseguía removerme, revolicar un poquito la energía que me constituye, (como me sucede cuando paso cerca de un campo electromagnético) debido a cómo me asesinaron. Ahora al recordar aquello sonrío estoica con mis labios de ámbar pintados con tinta de aurora boreal, aplicando mi sôphrosynê o autodominio espiritual (que les confieso es la versión neoplatónica del ommmh oriental). Un político tunecino reafirmaba a Sófocles: “feliz el hombre que puede reírse de sí mismo; nunca le faltará motivo de diversión.” Y esto viene de perlas en la eternidad, se lo aseguro.

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COMENZARÉ DESORDENADAMENTE por una anécdota, por una curiosidad, por un chascarrillo: A pesar de apodarme en vida “la perfecta” (he leído estos días: “cuerpo de Afrodita y la mente de Platón”…, ya me gustaría a mí…) les revelaré lo que es más bien una intimidad: he sentido casi insana envidia de la dulce belleza de la protagonista del film, más morena y joven, con una mirada más cargada de Homero y Eurípides incluso que la mía cuando me asesinaron: la elección de la actriz que me encarnara es, a mi juicio el… PRIMER ACIERTO DEL DIRECTOR. Para rematar mis observaciones sobre la otra forma de la verdad, sobre la belleza (un dramaturgo español dixit), afirmaré que el esclavo que nunca tuve y que aparece en la película también me hubiera puesto difícil mantener mis principios, entregarme sólo al Conocimiento… ¿De mármol de Éfeso? En absoluto; de vocación de cariátide… ¡nada de nada!

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¿ANTICRISTIANA? UMMH… , no lo sé. Sí parece un intento de ser anti-fanática como demuestra, por ejemplo, que en la filmación me lapidaran en vez de… En ya no sé qué universo paralelo, pues a veces me lío,  un escritor alemán manifestó: “Me aburren los ateos. Siempre están hablando de Dios”. No me refiero al director de Ágora en absoluto, pero quien me quiera reclutar en la filas del agnosticismo para usarme de ariete contra los creyentes que se olvide, que abdique de su enfermizo propósito: siendo la ciencia mi religión, sin duda, siempre escribí CREER; sí, con mayúsculas (y negrita si hubieran existido ese modo tipográfico). Mis mejores amigos, y alumnos, fueron cristianos. Siempre percibí la figura de Cristo como sagrada. Siempre, con el beneplácito de mi idolatrado Platón sentí la astronomía y la geometría como formas divinas de conocimiento.  Siempre concebí ciencia y religión como las dos caras de la misma moneda (creo que el otro día mi filósofo le ganó por fin la primera partida de ajedrez al hijo de Dios, allí sentados encima de una estrella). Me gustaría que todo esto hubiera sido reflejado (¡¡aconteció, en verdad, un asesinato político, no religioso!!), en la obra de arte que abordo: PRIMERA CUESTIÓN AL DIRECTOR…¿si su película no pretende ser anti-cristiana, sino que refleja un hecho histórico, qué falta hacía dibujar determinados personajes con ropajes oscuros, con rostros siniestros, para que a la gente le quepa la duda? Los que me mataron no estaban tan caricaturizados, no eran tan feos, de veras. Cuidado además con hacer de la anécdota categoría: unos cristianos concretos y fanáticos acabaron entonces con la guardiana del Conocimiento, pero otros lo conservaron en monasterios durante la Edad Media. “Eran parabolanos, no hiperbólicos” quizás hubiese dicho el gran Euclides en sus clases de geometría.

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DICEN QUE todo viene de nuestra cultura, de la griega: a mi pesar, nada más alejado de la realidad. Si el bueno de Pitágoras levantara la cabeza…; su famoso teorema ya había sido descubierto en China, Egipto, Babilonia, India y Japón. ¿Catetos? Tampoco es eso. Sólo al cuadrado y en el teorema ;-) Tenemos que asumir con flagelante deportividad que nuestros Siete Grandes Sabios aprendieron a su vez de los ecos de las enseñanzas de otra maravillosa cultura sita en una zona concreta: el valle del Nilo. Pero si tramposamente, con la sutil destreza de un tahúr, obviáramos esta realidad, corriéramos un tupido velo, ¿se podría afirmar, como dijo un escritor austral, que todo fue ya codificado por nosotros, los griegos? Puede que sí en cuanto a las relaciones humanas, pero no respecto a la interacción del ser humano con la ciencia, la tecnología y el conocimiento en general. Cuento esto porque mis sospechas de que algo no cuadraba en el firmamento, que las órbitas planetarias no podrían ser circulares (eso me lo encontré en mi particular periplo después de morir, en los albores del siglo X, en alta mar…), que ya por entonces se barruntaba la esfericidad de la Tierra y su atracción a través de una poderosa fuerza… Sí, a su vez nosotros nos adelantamos a los genios que (oficialmente) descifraron los cielos más de mil años después. “Mi” amado Uomo, caso aparte, claro, pues él y quizás gracias a una distorsión cuántica se solía dar un garbeo por el futuro y tomar notas. Plasmar en el celuloide estas inquietudes y los posibles avances de lo que quedaba de la civilización helena, sin duda: SEGUNDO ACIERTO DEL DIRECTOR.
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VUELVO A él, sí, a uno de mis maestros griegos para contar una anécdota: dicen del (que creía ser el) descubridor de un gran teorema matemático que curó a un joven de una importante melopea al prescribirle una melodía concreta a determinado ritmo: la música es clave como vehículo y generador de emociones, es… “la voluptuosidad de la imaginación” dijo un enorme pintor, tanto que hubo que apretarse en los cielos cuando subió a ellos. La del film es buena, más que correcta diría yo…¡pero le falta el último requiebro melódico para llegar al corazón del espectador, la última vuelta de tuerca que separa la excelencia de la genialidad! La música es más que correcta pero prima lo cuantitativo frente a lo cualitativo. En mi modesta opinión tienen la fortuna compartir una época y un planeta con dos de los compositores cinematográficos más extraordinarios de todos los tiempos (para no herir sensibilidades, sólo sus iniciales: J.W., y H.Z., pero ssssh, chitón) LA SEGUNDA CUESTIÓN AL DIRECTOR es obvia, ¿por qué precisamente sus gloriosas partituras, o incluso las de él mismo, no sublimaron, no condujeron al paroxismo los sentimientos del espectador? Si lo intentó no lo sabemos. “La música empieza donde acaba el lenguaje”, afirmó un tenor germano y por eso esta humilde aprendiz va a ser osada y atreverse a sugerir una idea: sin cambiar ni una coma del guión o del montaje sustituya la banda sonora por otra, absolutamente sublime, maravillosa,… ¡y reestrene el film! ¿Por qué no? Estoy convencida que, siendo otra, la sensación para el espectador será totalmente diferente.

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VENÍA A decir un arquitecto visionario que una vez una obra de arte se ha hecho orgánica se convierte en eterna, ad infinitum. Sólo el tiempo dirá si Ágora posee en sus ruedas dentadas las proporciones divinas de la naturaleza, si lleva implícita los números áureos de la perfección. Es evidente que he contemplado otra versión de la Alejandría que fue, apreciando las diferencias en “mi” Biblioteca (la de la película es ¡incluso más bella), en la geometría de las calles, en las fisonomías de sus habitantes, en algunas indumentarias y complementos (aunque son casi todos muy muy correctos), en algunos comportamientos, en algunos nimios detalles pero, en general, la recreación es asombrosamente fidedigna, incluyendo la del fabuloso cíclope de mármol, esa maravilla del mundo que, envolviéndolas dentro de su haz, conducía a las naves al buen Portus Eunostos; puedo afirmar que su escenografía me parece sorprendente, “deliberadamente estética”, como le dijera un autor a otro. Me he despepitado para mis adentros, y me hubiera descacharrado, desencajado si hubiera tenido cuerpo físico, al comparar los actores elegidos con los personajes que me rodearon en vida (por diferentes, no por inadecuados: estos, en general y como decía antes, más bellos, más esbeltos denotando la mejora de la raza, salvo los monjes “señalados”) pero insisto en que jamás desde entonces se reconstruyó mi ciudad y sus gentes con ese grado de perfección histórica, con ese preciosismo resplandeciente: TERCER ACIERTO DEL DIRECTOR.  Opino que la hazaña visual alejandrina rebasa todo lo nunca conocido y por sí misma justifica el visionado del film.

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PARA UNO de los más grandes cerebros de la historia de la humanidad en cualquier universo paralelo del que se tenga constancia de su presencia, “El misterio es la cosa más bonita que podemos experimentar. Es la fuente de todo arte y ciencia verdaderos”. Mi perspectiva quizás no sea significativa pues contemplé la película con ojos tan inmateriales como vírgenes (por favor, no se rían de mí: es mi primer film: todavía no tengo las pupilas gastadas, resabiadas, de tantos impactos visuales del siglo XXI; admito que mi capacidad de asombro, afortunadamente, sigue incólume ¿no les da pena que la suya se pueda haber erosionado, que muchos niños de 5 años de su época moderna ya tengan las retinas más viejas que las de un anciano de la mía, de la grecolatina? (“Eso lo entendería hasta un niño de cinco años: ¡tráiganme un niño de cinco años!”-gritó uno de los más grandes humoristas de todos los tiempos, adelantándose a mi pregunta anterior) Si queda amputada nuestra capacidad de sorpresa, si el humano inteligente rechaza que le conduzcan como a los borregos por un carril, si le repele todo lo que tenga la vitola de muy comercial, si como decía Epicteto la mente humana precisa aventura pero sobre todo libertad, si la clave del disfrute es la relación entre las expectativas y la realidad (y es inversamente proporcional a la cola que guardemos para contemplar dicha realidad), ¿por qué esa brutal campaña publicitaria que elevaba el listón de las mencionadas expectativas a unos niveles estratosféricos? Esa sería mi humilde TERCERA CUESTIÓN QUE PLANTEARÍA AL DIRECTOR. Quizás esa estrategia concreta de difusión del hecho devalúa al hecho en sí.

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LA CUARTA Y ÚLTIMA CUESTIÓN AL DIRECTOR vuelve a suscitar dudas sobre mi ego/geocentrismo, es decir, que termino donde empecé. Alabando como he hecho la elección de la actriz que me encarna en la gran pantalla, creo que su papel resulta finalmente cargado de humildad (muy bien) pero quizás un poco plano (mmmh). Esa Hypatia redidiva, inscrita en su indiscutible belleza, posee en ocasiones una expresión propia de estar eternamente cayéndose de un guindo, cual Sísifo subiendo la piedra a la montaña castigado por Zeus. Quizás suene mal pero quiero pensar, con toda la modestia que me enseñaron mis maestros griegos, que mi personalidad fue mucho más rica en matices, más poliédrica, ¡con más sentido del humor! ¡Apenas sonríe la actriz en el film! Si esa fue una de mis armas para lidiar con la dura realidad, fuese el obispo Cirilo o el sursuncorda quien me pusiera palos en las ruedas de la vida. Tengo por maravilloso a mi padre, el gran astrónomo Teón, sin duda, y su carácter fue diferente al actor que lo representa, pero gracias su buen hacer y al del director éste resulta extraordinariamente convincente. ¿Por qué no se atrevió a profundizar en la condición humana de la protagonista de su película?  “El cuerpo humano no es más que apariencia, y esconde nuestra realidad. La realidad es el alma”, manifestó un soberbio novelista francés. Esta humilde abajofirmante es la constatación más preclara, la constatación definitiva de esa gran verdad. Que te descuarticen y que luego quemen tus restos puede ser un pequeño inconveniente, un percance más o menos molesto pero en modo alguno determinante para acallar tu voz en medio de la eternidad.

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PIENSO QUE la creatividad va mucho más allá de la inteligencia, es una segunda derivada de ésta que muchos poseen pero que muy pocos subliman de forma deslumbrante; su génesis roza lo divino o eso rezan los frescos más famosas de todos los tiempos sitas en una bóveda vaticana (¿o transmitía mero y aburrido conocimiento?).  Termino mi relación con el que considero CUARTO ACIERTO DEL DIRECTOR, que ha sido… ¡arriesgar!: homogeneizar todos los fanatismos con sus perspectivas cenitales, alejarse del esquema y tensión narrativas convencionales, insertar un avance del propio film antes de éste, elegir un tema y época tan complejos como controvertidos, ejecutar rotaciones imposibles de la cámara, etc: “En el arte la única manera de acertar es estar siempre en peligro de equivocarse”; afirmó un escultor español. ¿Acertó o se equivocó? Juzguen por sí mismos. Sean libres, gran máxima griega: saquen el látigo y mantengan a raya sus prejuicios o mejor, déjenlos directamente en casa y vístanselos coquetos al retornar de nuevo: siempre tendrán luego tiempo de ponderar los pros y contras de lo que visionen, despacharse a gusto y/o separar el polvo de la paja si es que les apetece. Si buscan sensaciones concretas, mirlos blancos o comparan (quizás inevitablemente) con otros éxitos cinematográficos-de análogo final dramático -fracasarán en el intento: Ágora, con sus luces, con sus sombras,es otra cosa. Rían, emociónense, lloren o cabréense.

Agora Amenabar Hipatia

TIENEN LA oportunidad de viajar en el tiempo e impregnarse de aquella Alejandría, en el mismísimo ocaso de aquella época jaspeada de perfección que fue la Antigüedad. Pueden rescatar para sus pupilas los nenúfares y la hiedra que se derramaba por las calles alejandrinas, los mármoles de los Mil Palacios, el eco de los yunques, el bullicio del Bruquión, la explosión de aromas y color de las plazas de la ciudad que me vio nacer.  Los egipcios consideraban las montañas alejandrinas guardianas de la eternidad: esas murallas encierran el secreto de la vida eterna que soñaron para sus muertos. Como les decía al comienzo no se asusten de mi presencia, se lo ruego; la matriz transenergética que me configura es totalmente inofensiva. Pero, ¿se acordará alguien de mí, de la que fui en vida, dentro de millones de años? Quizás sí gracias a Ágora o a pesar de. En cualquier caso, dentro de unos eones hablamos...>>

ESTAREMOS ENCANTADOS (RAMÓN GALÍ Y UNA SERVIDORA) EN RESPONDER A TUS COMENTARIOS. GRACIAS.

NeoHypatia de Alejandría
© 2009, Ramón Galí, autor de Hypatia y la eternidad

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ANEXO, POR RAMÓN GALÍ
Circula por internet un ‘power point’ que tilda ‘Hypatia y la eternidad’-junto a otros libros posteriores con Hypatia de Alejandría como protagonista-de oportunista, subvencionada y anti-cristiana. Nada más lejos de la realidad. Aquí mi derecho legítimo de réplica:
1º Mi novela es MUY anterior a la película ‘Ágora’ dirigida por Alejandro Amenábar y, me atrevería afirmar sin temor a equivocarme, anterior a todas las novelas relacionadas con Hypatia de Alejandría publicadas en 2.009. Ya en 2.002 gané un concurso de microrrelatos del periódico El Mundo con el núcleo, con el tema central, con el germen de la novela (LEER AQUÍ). A mi primera versión la de novela le di entrada en el Registro de la Propiedad Intelectual de la Comunidad de Madrid el 8 de septiembre del año 2004, con el numerito M-006439/2004, para más señas. y, de hecho, la presenté ese año al concurso de la Universidad Politécnica de Cataluña. Por cierto, antes de presentarla al Planeta, el 13 de junio de 2008, volví a registrar la segunda versión. La película de “Ágora ” se estrenó en octubre de 2009.
2º Mi novela no es anti-cristiana, nada más lejos de la realidad; estoy convencido que respeta escrupulosamente todas las creencias. Para empezar después de morir “mi” Hypatia resucita. En junio de 2009, antes del estreno de la película, la periodista Eva Orúe me realizó una entrevista. Ante su pregunta…”Por lo que has podido saber de Ágora, ¿crees que vuestras Hypatias son la misma?” respondí: “Hasta donde yo sé los proyectos de Amenábar son absolutamente secretos y creo que este especialmente. Hasta su preestreno en el Festival de Cannes hace pocos meses nadie supo de la película más que lo que quiso Amenábar dejar entrever en el tráiler. La verdad es que no tengo ni idea pero creo que la película equivaldría al primer capítulo de Hypatia y la eternidad. Si plantea el film, (que no creo que caiga en esa simplificación injusta e infantil, que este tío parece muy inteligente) como “malos los cristianos” y “buenos los ateos” no tendrá nada que ver con mi novela, que dibuja religión y ciencia como las dos caras de la misma moneda”. AQUÍ la entrevista completa.
3º Mi novela no es una biografía: es una novela de ciencia-ficción histórica o ucronía.
4º Nadie me ha dado ni un duro, al contrario: no tengo padrino, nadie poderoso me ha apoyado. A pesar del esfuerzo de mis editores mi novela se ha visto poco, aplastada y desplazada por la poderosa maquinaria mediática de las de las otras editoriales; la pasta manda, poderoso caballero, don dinero. Conste que jamás entraría a valorar la calidad de las otras obras.
5º Tengo un concepto científico de lo que es Dios pero, como explico al final de mi novela, totalmente compatible con la religión cristiana (y las otras). Yo soy cristiano. En la página 249 de Hypatia y la eternidad detallo mi postura al respecto, aunque en realidad la novela entera aborda la dicotomía “Jesucristo Vs Platón” o “La era de Dios y la era de los genios” desde el máximo respeto a las dos formas de entender el universo, subrayando que, a mi humilde entender, han sido y son totalmente complementarias.
6º En el blog de la página de mi novela (ahora reproducido aquí en mi web-blog oficial) escribí una crítica de Ágora, desde el punto de vista de mi protagonista, elogiando lo que me pareció bien, criticando-entre otras cosas-la parte anti-cristiana del film.
7º Con esfuerzo titánico (soy hombre de ciencias) estuve 6 años documentándome y escribiendo las diferentes versiones de la novela. Para retratar de la forma más fidedigna posible la figura de Hypatia de Alejandría usé como base las fuentes originales en inglés (cartas de Sinesio de Cirene a Hypatia) y la biografía de la que probablemente sea la mayor experta del mundo en Hypatia de Alejandría, la profesora de Historia de la universidad de Cracovia María Dzielska. Ella afirma rotundamente que aconteció un asesinato POLÍTICO, no RELIGIOSO en ALEJANDRÍA. Así lo plasmé en mi novela y repetí en la entrevista radiofónica que me hicieron en RNE el 31 de julio de 2009. Para escuchar completa: AQUÍ
8º Hay que ser idiota (pero de concurso de idiotas) para meter a todo el mundo en el mismo saco sin informarse primero.
2001: UNA ODISEA DEL ESPACIO. CUANDO A HAL 9000 SE LE INFLARON LOS CIRTUITOS (English version)
“…ya sé que no me he portado muy bien.
Tengo miedo, Dave…”
HAL 9000

Un leopardo yace sobre una cebra muerta en un punto indeterminado de África Oriental, hace varios millones de años. Al felino le refulgen los ojos, como si encarnara al mismísimo lucifer, en una estampa que parece salida del “Nacional Geographic”… Unos australopithecus afarensis de tristes ojos se arrejuntan para atemperar el frío más gélido que se puede sentir, el de la Noche de los Tiempos. Ellos no lo saben pero son los primeros ejemplares que salen de la cinta transportadora de la inteligencia humana, por eso sienten miedo… Un fémur, la primera herramienta, se transforma en una nave espacial. Han transcurrido millones de años: La materia inerme ha sustituido a lo biológico en la acción… ¿controla el Hombre las propias herramientas que ha construido con su inteligencia?

La lanzadera donde viaja el eficaz Heywood Floyd danza con la estación orbital al ritmo de Strauss, ¿me concede este baile? La enorme rueda que gira para generar gravedad artificial es un enorme vestido, el salón, el cosmos…La cúpula, prodigio de la arquitectura espacial, abre sus ocho enormes gajos y lo hace como los de una colosal flor, para que penetre la esférica nave, cual insecto polinizador. La escena podría constituir en si misma el salto en el tiempo de la humanidad, ¿Quizás desde la estática cúpula que concibió Filippo Brunelleschi, para la catedral de Florencia, en el siglo XV? Quizás no.

Uno no se puede morir sin leer “El rey Lear” de William Shakespeare, escuchar el “Concierto para Clarinete” de Mozart o experimentar la inquietante psicodelia visual y sonora del “2001″ de Stanley Kubrick. Adoración o indignación, nada de medias tintas. Además, antes de dejar este mundo uno debería repetir la experiencia para descifrar las incógnitas que quedaron tras el primer visionado. “Hubiera fracasado” si el espectador hubiera asimilado el film a la primera, confesó su autor. “Sois libres de especular acerca del significado filosófico y alegórico de 2001″ añadió, ensanchando hasta el infinito los límites interpretativos del arte, convirtiendo a éstos en algo plástico, maleable, sujetos al relativismo. Ojo, porque estamos ante una obra descomunal, sin parangón, prodigio visual, sonoro y argumental, deleite sublime de los sentidos, poesía cinematográfica que fue concebida por uno de esos tándems-Clarke/Kubrick-irrepetibles, donde tanta genialidad nos supera. La perfección en el 7º arte nadie la conoce, por definición, pero debe parecerse mucho a este film.

El riesgo del crítico al abordar una obra universal es claro: ya se ha dicho ó escrito prácticamente todo del objeto de su crítica. No obstante intentaremos torear este morlaco sin caer ni el tópico ni en la idolatría; mastodonte cinematográfico que, por cierto, en este caso encierra su propia efigie adorativa, el monolito de origen extraterrestre datado en cuatro millones de años. Todo orbita alrededor de él, desde los primeros homínidos, pendientes de su socialización ¿miedo al extranjero?, pasando por Floyd, hasta terminar gravitando cerca el bueno de Dave Bowman, el mítico astronauta que se enfrentó a HAL 9000, venciéndole. El monolito es rotundo, demoledor desde su hieratismo, orgulloso incluso; castiga la frivolidad humana con un agudo pitido cuando en la base lunar “Clavius” se quieren retratar con él los hombres, como si fuera un enorme atún del Pacífico de 700 kilogramos. El negro poliedro representa lo irrepresentable, en hábil iconoclasia de los autores, la inteligencia extraterrestre. Por ser lo que es observa a la humanidad con cierta objetividad, supervisando los diferentes estadios de la evolución humana, divididos en tres actos, como un drama de Sófocles.

La cinta es un valiente salto al vacío del director, ¿cine experimental?, que en verdad tiene absolutamente todo tan controlado y monitorizado como tiene H(I)A(B)L(M) la nave “Discovery” rumbo a Júpiter; cada fotograma es una instantánea perfecta, su lenguaje visual tiene vocación de universal. Hablamos de HAL 9000, el cerebro artificial mas avanzado existente. Éste es el segundo hilo conductor de la historia, además del enigmático monolito, que se entrecruza con el primero más o menos entre la órbita de Ganímedes y la de Calixto, lunas jovianas. La máquina se autodefine como un prodigio de exactitud y perfección y tiene una gemela en la Tierra. La máquina observa que los hombres son seres frágiles y falibles (“…lo siento, jaque mate…”) ¿Qué es lo que la hace enloquecer? ¿el misterioso monolito? ¿enloquece en verdad o tan sólo considera prescindible al eslabón más débil de la cadena evolutiva? La novela de Clarke complementa a la película de Kubrick y viceversa. Vean la película. Lean el libro. Hilen después, valientes, …si pueden. El caso es que a la computadora, de un momento para otro, le sobra un tornillo, justo el que le faltaba para ser humana, es decir, mentirosa y asesina. No pestañea su enorme y convexo ojo rojo a la hora de eliminar a los hibernados, que ya yacen en su propio sarcófago. Escalofriante. Sobre todo cuando esa condición humana queda enmarcada en sus expresiones, además de en sus actos: “Honradamente…” “Eso es algo que yo no puedo permitir que suceda (su desconexión)” “Tengo miedo, Dave”. Dicha condición humana llega a la apoteosis en uno de los momentos más gloriosos de la historia del cine, según nuestra humilde perspectiva: En el momento que David Bowman lo está desconectando, el ordenador experimenta una regresión infantil, como un enfermo de Alzehimer, y se pone a cantar “Daisy”. Sublime.

El manejo del tempo, del ritmo narrativo, es revolucionario, rompedor, y a un millón de espectadores logra exasperar, acostumbrados a otro sistema de coordenadas. Otro millón cae en la red cronológica, abducido por los silencios más atronadores de la historia del cine, los del espacio exterior, que se desarrollan en singular oxímoron, donde el vació más absoluto provoca una tormenta de sensaciones en nuestra mente. Hay momentos en los que la acción se desarrolla casi en tiempo real y queda así brillantemente subrayada, confiriéndole un realismo total, por los espacios en blanco intermedios. Sin todavía la tecnología para generar efectos por ordenador, la película es fruto de la más concienzuda artesanía cinematográfica, en buena medida gracias al genial maquetista Douglas Trumbull; su creador tuvo que ir inventando/usando sobre la marcha la novedosa tecnología óptica necesaria para rodar tan particulares escenas, por ejemplo, una lente con forma de paraboloide hiperbólico, para rodar con un ángulo total, es decir, de 360º. Que cosas. Y los hermanos Lumiere con la escenita del tren; bueno, es que esos 73 años cundieron, cundieron.

Ante el espectáculo grandioso en estado puro, ante la puesta en escena soberbia que constituye la “Odisea” de Kubrick, cabe preguntarse si Nietzsche al verla pensaría que “así hablaría Zarathustra” o, sin embargo, tanto él como el filósofo persa pondrían un pleito al director británico por la alusión herética, tan alejada de su pensar. Eso sí, parece verosímil que ambos alucinaran como espectadores con la catarata psicodélica que experimenta el astronauta Bowman, que quizá reflejaba los delirios psicotrópicos de la Europa de finales de los 60 del siglo XX. ¿Se puso hasta arriba de cannabis el bueno de Dave cuando HAL no podía verle? ¿Salieron los espectadores del cine con cara de haber fumado de todo? Bueno, es lo que tiene viajar a través de la puerta cósmica que constituye el gran monolito, que conduce hasta el fin del universo. Si no quieres flipar no viajes. Si no quieres “viajar” no flipes… con el monolito. Si finalmente decides hacerlo terminas en una habitación estilo “Luis XVI” (¿un universo paralelo?) contemplándote a ti mismo en diferentes momentos de tu vida, (¿está el ser humano preparado para asumir su propia muerte?) para terminar por el principio, con un renacer (¿un nuevo salto evolutivo?), quizá significando lo cíclico que es la vida, el universo. Quizá no. Gracias Kubrick por esta libertad.

Para concluir algunas reflexiones rápidas: Uno, que nadie nunca tenga el brillante pensamiento de realizar un remake de 2001. Probablemente sería la idea más estúpida de la historia de la humanidad. Dos, que la obra sirva de referente a los “artistas” que crean por encargo, a matacaballo, sin destilar el producto final. La “O/odisea” del director para filmar la idem duró cuatro años. Un respeto sagrado al espectador. Tres, que muchos genios de la cámara ulteriores admitieron que la obra “kubrickiana” fue piedra angular básica para, sobre ella, edificar sus obras. Les honra el reconocimiento, por otro lado, evidente. “2001″ constituyó un salto evolutivo de la ciencia-ficción en el cine, en el que las aletas mutaron bruscamente convirtiéndose en patas, con las que el género dio un salto a tierra definitivo. Y cuatro, que las relaciones hombre-máquina, en la que abunda el libro y orla la película, son cuestiones clarividentes que pronosticaron los autores y que marcarán todo el siglo XXI y posteriores.


Fundido en negro. Réquiem del compositor austríaco Gyorgy Ligeti, de fondo.

(c), 2010 Ramón Galí. Crítica cinematográfica cedida por la revista Tiempos Futuros Future Times.
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BLADE RUNNER: “YO, HE VISTO COSAS QUE VOSOTROS NO CREERÍAIS” (English version)
“Yo, he visto cosas que vosotros no creeríais…”
“… todos esos momentos se perderán en el tiempo,
como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.”
Roy Batty.

Comencemos por una joya de increíble belleza lírica: LA joya de la corona del género para casi todos, expertos y legos. Orfebrería cinematográfica de incalculables quilates. Poema escrito en el celuloide que nos desnuda la condición humana. Deslumbrante hazaña visual gótica y barroca al mismo tiempo. Obra que redefine mitos y factoría de nuevos modelos iconográficos; la lata de Warhol o la silueta de James Dean quedan atrás. Alta ciencia-ficción que no es que se anticipe al futuro sino que contribuye activamente a esculpirlo, a modelarlo. Horizonte inalcanzable para una galaxia de imitadores posteriores. Punto de inflexión en nuestras vidas.

El azar genera monstruos. Casi siempre. Darwin descubrió que en genética el 99,9999 % de las mutaciones aleatorias son perjudiciales y acaban con el ser vivo que las padece. Pero a veces, con una probabilidad remota, la diosa Fortuna sonríe y todas las monedas lanzadas al aire caen de canto y además conforman una figura maravillosa y, por su génesis, irrepetible. No quiere decir esto que las monedas no fueran de grandísimo valor y el lanzador de primera magnitud. Una serie de factores insólitos confluyeron en 1982, como una conjunción astral de varios planetas, que solo se da una vez en la vida, a saber: el concienzudo director británico Ridley Scott, el genio de “Alien” (que plasmaba en carboncillo, con sorprendente maestría, todas las escenas antes de rodarlas), Vangelis, el músico griego quizá el mejor de aquel momento, Douglas Trumbull el mejor maquetista del mundo responsable de que nos creyéramos la Space Opera de Star Wars, Harrison Ford, el actor más emblemático del último cuarto del siglo XX. La suma de todos ellos en mil películas hubieran originado un sinfín de cintas mediocres, algunas aceptables, una o dos buenas, y quizá alguna muy buena, nada más. Pero las monedas cayeron todas de canto y todos azarosamente hicieron, según muchos creemos, el mejor trabajo de sus vidas. El elenco lo completan una Sean Young extraordinaria, un Rutger Hauer soberbio, una fotografía fabulosa a cargo de Jordan Cronenweth, un guión increíblemente hilvanado por David Webb Peoples y Hampton Fancher.

La película ha generado ríos de tinta, un sinfín de debates, con sesudos análisis desde todos los ángulos, no sólo cinematográficos, sino filosóficos, mitológicos, sociales, etcétera. El gran Garci, con gran valentía, incluyó la obra en la lista de títulos imprescindibles a diseccionar y que engrandecieron el séptimo arte hasta… “más allá de Orión”. No es nuestra intención entrar en este artículo en tales disquisiciones, sobre todo porque el género literario que pretendemos mutaría diametralmente pareciéndose el resultado a “Los Episodios Nacionales” del concienzudo Galdós. Quizá, eso sí, alguna aproximación a vuelapluma orillando el análisis: No sabemos si con una capacidad anticipatorio paranormal el filósofo alemán Arthur Schopenhauer escribió sobre la muerte pensando en Blade Runner; es más lógico pensar que los guionistas le leyeron y, como guiño cinematográfico-o al traicionarles el subconsciente-pusieron en la boca del replicante Roy Batty, antes de morir: “He visto brillar rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhauser-Schopenhauer” o pongamos otro vocablo germánico para disimular. Desde el punto de vista clásico los replicantes representan la perfección física y mental que buscaban los antiguos griegos, como neo-Teseos, con fuerza e inteligencia como maravillosa combinación de cualidades. Mary Shelley y su “Frankenstein” está presente, indefectiblemente, en la cinta”: “Yo diseñé tus ojos. Preguntas: “Morfología Longevidad Fecha de Nacimiento”. William Blake también quiso participar de la fiesta: “Y los ángeles ígneos cayeron. Profundos truenos se oían en las costas ardiendo con los fuegos de Orc”, con su poesía profética, original y romántica, como la película. Establecer paralelismos entre las sociedades decadentes que dibujaba Kafka y la de la película se nos antoja kafkiano, sobre todo hacerlo en un solo artículo.

Blade Runner es mucho más que una película, es una de las metáforas sobre la muerte, sobre la insoportable levedad de los seres humanos, más ajustadas de la historia del arte. Y además es mágica: Sorprendentemente no caduca ante los embates del tiempo, como las obras maestras deslumbrantes. Basada en la mediocre “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Del gran Philip K. Dick probablemente sirvió para acuñar la máxima que de grandes libros se hacen malas películas y de libros pésimos estupendos films. La película, encuadrada en el género de ciencia-ficción, pero que sin duda tiene tanto de cine negro como las que generaban los libros de Dashiell Hammett, te envuelve desde la primera escena con su atmósfera opresiva de la que es imposible escapar. El espectador, no es que se acerque desde su butaca a una urbe superpoblada del 2019, sino que se convierte en un habitante más de Los Ángeles, en ese futuro lluvioso, en el que puede encontrarse de bruces con cualquier Replicante al doblar una esquina. “Cruce Ahora, Cruce Ahora”. Y cruzamos, claro. En la city fritzlangiana en la que nunca amanece, que se ha convertido en una torre de Babel, a pesar de la interlingua, todos tienen los papeles invertidos: Los humanos caminan como autómatas solitarios y los replicantes buscan respuestas que les suscitan su lado más humano.

Densa. Densísima, en la que casi cada fotograma es una reflexión profunda disfrazada de poema. Sobre la memoria: “No sé si podría tocar (el piano), recordaba las lecciones” “No me puedo fiar de mis recuerdos“. Sobre lo efímero de la existencia: “Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir”. Sobre Dios: “No es cosa fácil conocer al creador”. Sobre el paso del tiempo: “Yo quiero vivir más” ¿Tiempo? El suficiente. Escenas irrepetibles como clásica de la aeronave de Deckard pasando por delante del enorme neón de Coke, que le roban el puesto, o al menos rivalizan, con Paul Newman bajo un bombín a bordo de la bicicleta en “Dos Hombres y Un Destino” o a King Kong pegándose con los biplanos en el State, o a Julie Andrews sobre las verdes praderas o Gary Grant corriendo bajo la avioneta con “La muerte en los Talones”. ¿Qué dice la gran Geisha que nos atrapa con su magnetismo exótico? ¿Qué dice Tyrrell-Prometeo?: ¿Más humanos que los humanos? ¿Por eso coleccionan fotos? Si tienen, como mucho, cuatro años. Por eso mismo. ¿Alguien más se percató que una de las fotos cobra vida durante un segundo en una genialidad infinitesimal, de bolsillo, de pitiminí? El replicante habla despacio, en el edificio en ruinas, y en una escena de asombroso lirismo besa a su compañera muerta para corregir su indecoroso rictus. El test Voight Kampf, moderno oráculo que mide el grado de empatía (“…El galápago yace sobre su espalda con el estómago cociéndose al sol y moviendo las patas para darse la vuelta, pero sin su ayuda no puede. Y usted no le ayuda…”), al que le preguntamos quién o qué somos, “¿Este test es para saber si soy una replicante o una lesbiana?”

Y sí, en Blade Runner también tiene cabida una historia de amor, ¿hombre?-replicante. Si Stendhal levantara la cabeza… Ella le salva la vida; Leon Kowalski quiere sacar a Deckard de este mundo por la puerta de atrás pero Rachel lo impide con una bala calibre XXL. En el apartamento de él ella se acerca, con el rimel corrido que le confiere aspecto siniestro aunque delicado a la vez: ¿Rachel matará también a Deckard por haberla descubierto con el test Voight Kampf? No. Salta la chispa, nace la llama, el yin y el yang se unen. Perseguidor y perseguida. Cada uno es lo que necesita el otro y llena de esperanza ese espacio que antes ocupaba esa soledad ya asumida. Cada uno le da al otro un motivo para vivir tras una existencia de mera superviviencia. Gaff sentencia lapidario: “Lástima que ella no pueda vivir. Pero ¿quién vive?” Pero el amor obra el milagro, incluso aunque haya cristalizado entre un ¿ser humano? y otro sintético ¿o quizás precisamente por eso? ¿Está ya muerta? No. Ocho palabras sellan la unión…¿simbiótica o entre iguales?

Deckard: ¿Me quieres?
Rachel: Te quiero.
Deckard: ¿Confías en mí?
Rachel: Confío.

Y el final, glorioso, definitivo. Y nuestras lágrimas se confunden con las gotas de agua de la lluvia, como los recuerdos del replicante más perfecto, como dijo nuestro director en el editorial de bienvenida a nuestro magazín ucrónico. Roy Batty no solo que no le mata sino que le salva la vida al borde del abismo imposible que se cierne bajo sus pies. A punto de fenecer indefectiblemente valora la vida más que nunca, la suya, la de los demás. La muerte más bella de la historia del cine. Una paloma al viento; ¿su alma? “De donde vengo, a donde voy, cuanto tiempo me queda”.

En fin, para concluir y como empezamos: Blade Runner, para muchos, punto de inflexión en nuestras vidas. Cada vez que visionamos el film nos quedamos sumergidos en un profundo silencio, pensando…

(c), 2010 Ramón Galí. Crítica cinematográfica cedida por la revista Tiempos Futuros Future Times.
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